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En primera persona

En los años ochenta, con la aparición del VIH entre hombres homosexuales, personas usuarias de drogas inyectables y mujeres trabajadoras sexuales, los diferentes discursos de la epidemiología en su momento por brindar un marco de comprensión, plantearon la existencia de grupos y poblaciones de riesgo; enfatizando así que la presencia de la enfermedad era responsabilidad de estas personas. Estas acepciones si bien no permitieron la comprensión de la complejidad de la transmisión, instalaron fuertes ideas de estigma, generando profundos procesos de discriminación; también permitieron llamar la atención sobre a otredad; es decir, la existencia de otres diferentes, que poseen formas distintas de abordar el mundo, de sanar, de amar, de identificarse, de encontrarse y de evadirse.

A pesar de existir hoy un giro semántico, no hablarse más desde el riesgo y acuñar el término “poblaciones clave” para indicar el esfuerzo colectivo que implica mejorar las condiciones de la vida humana, el estigma ya instalado ha erodado la existencia de muchos sujetos. En este sentido, esta exposición pone en primera persona las voces y experiencias de quienes han vivido en carne propia discriminaciones y violencias por parte de actores nucleares e institucionales; pero no nos engañemos, esas voces que denuncian vulneraciones y violencias, con este ejercicio buscan trascender la postura de víctimas, y desde esos profundos dolores y rabias, resignifican su experiencia como una increíble fuerza creadora y política capaz de modificar para sí y para les otres la existencia.